Surca, surca el sembrador
la tierra árida con gran amor
esperanza bendita abriga su alma
de ver retoñar las semillas en calma.
Dichoso amanecer cuando llega
un despertar sombrío le ciega
deseo quizás de ver hermosas plantas
de verdes e inmensas estampas.
El éxito de la cosecha sólo Dios sabe
omnipotente, bendito que el hombre alabe
su glorioso y grandioso nombre por siempre
predomine el mismo no sólo en Diciembre,
sino que sea eterna su palabra
y todo aquel que le oiga su alma abra
para que sea salvo más no se pierda
más tenga vida eterna y se libre de la celda
del pecado inminente que apodera la tierra
y resguarde su espíritu de la gran guerra.
¡El fin se acerca! una nueva esperanza emerge.
Autor: Juan F. Mujica

